Métodos para “superar” la ansiedad ¿realidad o negocio?

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

Muchas son las personas que han superado la ansiedad y gran parte de ellas tomaron la decisión de compartir su experiencia con todos aquellos que se encuentran, por desgracia, en la misma situación en la que un día ellos estuvieron. Así es que en la vasta red puedes encontrar infinidad de páginas y blogs donde todos ellos narran de primera mano sus vivencias lidiando con el trastorno de ansiedad.

Por otro lado nos encontramos otro grupo, que a diferencia del anterior, tomó la decisión de crear su propio “método” y comercializarlo.

Y ¿en qué se basa este método o métodos? Dependiendo del individuo cada cual te ofrece un recopilatorio de lo que a él o ella le fue bien en su momento. Tips e información varia que fueron compilando a lo largo de su proceso de sanación.

Puedes encontrar desde ejercicios diversos de registro que has de ir haciendo diariamente, lecturas recomendadas, un surtido de música relajante, ejercicios de relajación (meditación, yoga, pilates), fitoterapia, etc.

Y la pregunta del millón ¿funciona o es un mero saca dinero?

A ver, para empezar, habría que tener presente como está la persona que adquiere este servicio, es decir, como de limitada está su vida a causa de la ansiedad, depresión y/o agorafobia y cuál es el enfoque o la actitud que tiene frente a su situación (lo que te comentaba en posts anteriores).

Esta gente no ha descubierto América con su “método”. Muchas de las cosas que aconsejan las puedes encontrar en infinidad de webs y blogs. Desde cómo empezar a gestionar tu estrés, ejercicios varios, meditación, fitoterapia, … Y luego, para hacer los ejercicios de registro puedes empezar invirtiendo en el libro de  “Ámate a ti mismo: cambiarás tu vida” de Louis Hay, el cual es un manual estupendo y económico. Mucha gente trabaja con estos mismos ejercicios un tanto “tuneados”.

Por lo tanto ¿por qué te decía que dependerá del estado en el que se encuentre la persona? Pues porque todo esto está muy bien, realmente no es ningún misterio y es lo que hay que empezar a llevar a cabo. Pero como te he dicho ya en contadas ocasiones, andar este camino solo, sobre todo al principio, es ardua tarea, por eso, lo más recomendable es trabajar con un terapeuta que aplique la terapia cognitivo-conductual y él o ella te irá pasando los registros que crea conveniente que hagas a cada momento de tu proceso.

Mi opinión, y reitero, es lo que yo pienso porque también me he dejado mi dinero y mucho, innecesariamente, lo mejor es que inviertas en un psicólogo y que él o ella te vaya dando las pautas que necesitas. Los milagros no existen y por ende no existe ningún “método” que haga que te acuestes una noche padeciendo de ansiedad y al día siguiente cuando te despiertes se te hayan quitado todos los males. Esto no funciona así.

Si bien es cierto que llega un punto en que la desesperación nos puede y es ahí donde toda esta gente se aprovecha que bien lo saben porque han pasado por ello.

Como ya te he dicho nadie ha inventado nada nuevo. Y de lo que menos has de fiarte es del “Yo logré superar la ansiedad en un año”, por ejemplo, y quien dice un año dice seis meses, dos años, lo que sea. Cada persona somos un mundo y cada cual necesita su tiempo. Como te dije en el pasado post, con la ansiedad no tengas prisa y ármate de paciencia. Y otra cosa importante, no se trata de superar nada, se trata de aceptar y de aprender a vivir con tu ansiedad porque forma parte de ti. Ella siempre va a estar ahí, pero dependerá de ti dejar de retroalimentarla y hacer que pase a un segundo plano como estaba antaño.

De todos modos, tú tienes la última palabra, claro está. Y si ves algún “método” que te convenza y te llame la atención pues adelante.

Espero haberte aclarado un poco más este tema y que te haya sido de utilidad toda esta información.

¡Nos leemos en el próximo post!

 

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Ansiedad ¿Enfermedad? ¿Tiene cura?

¡Hola querido/a ansioso/a!

Hoy vengo a hablarte sobre la controversia que se genera alrededor de si la ansiedad es una enfermedad y, por ende, si ésta tiene cura.

Lo primero lo habrás escuchado o leído en reiteradas ocasiones y lo segundo seguro que también.

Que no te vendan el trastorno de ansiedad como una enfermedad porque NO lo es. El trastorno de ansiedad es un desorden mental por el cual la persona tiende a preocuparse en exceso por las cosas que le suceden y las cuales no suele poder controlar. Así como definición rápida a grandes rasgos.

El denominar esta alteración como enfermedad lo único que hace es confundirnos. Es por eso que al pensar que estamos enfermos y que tarde o temprano nos vamos a curar lo único que conseguimos es generar en nosotros un estado de impaciencia y frustración.

Cuando pasamos de padecer ansiedad a un trastorno de la misma tenemos la sensación de que esta situación nos ha sobrevenido de la noche a la mañana y, que del mismo modo que un día vino, otro se irá. Esto llega a un punto, cuando vemos que no avanzamos, que nos paraliza y guardamos la esperanza de que nos terminaremos curando. También hace que, en cierto modo, pongamos una fe ciega en la medicación y que cuando llega el momento de retirarla y los efectos secundarios nos acechan, pensemos que eso es que vamos a estar mal toda la vida y que tendremos que medicarnos hasta el fin de nuestros días.

Vamos por partes.

Primero de todo has de tener muy claro que la ansiedad no llegó un día a ti como castigo divino. A través de una actitud determinada y reiterada frente a la vida, de cómo has actuado y como te has sentido en consecuencia, ese suma y sigue ha hecho dar forma a tu ansiedad y retroalimentarla. Con lo cual hablamos de meses o años más bien. Por eso has de ponerte a trabajar ya en ti. Por desgracia nadie tiene una varita mágica que nos quite estos pensamientos, sensaciones y síntomas del cuerpo.

Después, el tema de la medicación ya es algo muy personal que ha de tratar un psiquiatra y es que cada persona somos un mundo y vemos y vivimos la ansiedad de manera totalmente distinta. A cada cual nos afectan las mismas situaciones, situaciones de nuestro día a día, de diferente manera.

Otro día te explicaré mi experiencia con la medicación y me explayaré en darte mi opinión sobre el tema.

Lo que quiero que entiendas y te lo digo porque yo he pasado por esa fase, cuando estás tan mal y ves tu futuro tan incierto, agarrarte a un clavo ardiendo como es el que alguien te diga o leas que no te preocupes que te vas curar, créeme, no te ayuda en nada. Porque tus expectativas se disparan y te quedas ahí, inerte, pensando que un día te curarás y ya no volverás a sentirte así ni a tener una crisis más.

Siento decirte que esto no funciona así. Y es que no te quiero mentir. Es como decirte que si tienes sobrepeso puedes seguir comiendo hidratos de carbono refinados que algún día bajarás los kilos que te sobran. No. Todo requiere un esfuerzo y como te he dicho en contadas ocasiones se trata de trabajar día tras día en ello. Yo no te voy a decir que te curarás. Pero sí te puedo decir que aprenderás a convivir con ello porque forma parte de ti, de lo que tú eres y que cuando empieces a llevar la vida que realmente quieres, la ansiedad, los síntomas, sensaciones y pensamientos catastrofistas, pasarán a un segundo plano.

Ya sé que no te gusta leer esto que te digo, que es más fácil que te digan lo que quieres oír, pero es que eso no te va a ayudar y recuerda que lo sé y te entiendo porque yo estoy pasando por lo mismo que tu. Si ahora no lo ves así, tranquilo/a, tómate tu tiempo.

Aprende a ser paciente contigo mismo que todo llega cuando tiene que llegar. No te pongas fechas en plan “en un año tengo que estar al 100%” porque esto tampoco te beneficia.

Con la ansiedad una de las cosas que vas a aprender es a vivir al día y a hacer planes a corto plazo. Ponte pequeños objetivos e intenta que las expectativas también lo sean. Yo esto último todavía he de trabajarlo, porque si te las pones muy altas, cuando te llevas la hostia, la caída es más heavy, cuesta más levantarse y se tiene tendencia a retroceder más en el camino andado.

Por eso, lo dicho, no desesperes que todo llegará y ves poco a poco, sin prisa, pero sin pausa. Pasos cortos, pero seguros.

¡Ánimo!

Nos leemos en el próximo post.

 

Un día como otro cualquiera

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

Pues como no tot son flors i violes, como decimos aquí en Cataluña, es decir, que no todo va a ser jiji, jaja, juju. Ya hace semanas que estoy pasando por una rachilla mala y hoy vengo a “descargar” un poco, que también tengo mi derecho como todo hijo de vecino.

Y te voy a ser sincera, lo que menos me apetece ahora mismo es ponerme a escribir para el blog, pero es precisamente en estos momentos cuando hay que obligarse a hacer cosas porque si no entras en una dinámica nada beneficiosa. De lo único que tengo ganas cuando me encuentro así es de aislarme del mundo y de que éste me deje en paz. Esto último no está mal hacerlo de tanto en cuando, sin embargo, no hay que cogerlo como costumbre y que se convierta en una rutina porque te vas encerrando cada vez más y ya la hemos cagao. Y entrar se entra muy fácilmente, pero salir…ya es más complicado.

Bueno, pues te cuento un poco como ando.

Digamos que llevo metida en un constante arranca-para desde los últimos cuatro años. La cosa funciona tal que así.

Me harto de llevar la vida aletargada que llevo y empiezo una rutina paulatina de movimiento, es decir, de hacer cosas (fuera de casa, que dentro ya las hago). Salgo a la calle, voy de aquí para allá, voy a piscina…en este proceso mi estado anímico mejora, me siento más segura de mi misma, más feliz, con más fuerza, más vital, contenta y orgullosa de ir superando obstáculos y de repente, ¡plas! Mi cuerpo dice “hasta aquí hemos llegao.” Es como si me quedase al 10% de batería. Me encuentro muy cansada, tengo mucho sueño, a veces he de batallar para que no se me cierren los ojos, me duele todo el cuerpo, espalda, cervicales y articulaciones. Y todo esto pese a dormir mis siete u ocho horas de rigor. Me encuentro que he de ir tirando de mí.

Antes de que puedas pensar “eso es porque como llevas tanto tiempo sin moverte, al hacerlo de golpe el cuerpo no aguanta el ritmo.” No, no. Como ya he dicho es paulatino. Poco a poco que ya soy consciente de ello. Eso me pasaba al principio.

Sigo una alimentación sana y dentro de mis posibilidades todo lo orgánica que se puede. Me han hecho análisis y salen bastante bien. He tomado complejos vitamínicos y suplementos de hierro y la conclusión a la que llegan los expertos de la salud siempre es la misma, que todo es debido a mi estado ansioso. A que al estar más sensibilizada todo me afecta más que antes, como pueden ser los cambios de tiempo, los ritmos circadianos o mi propio estado anímico. También que me escucho demasiado y eso hace que todo se magnifique. Respecto a esto último voy a correr un tupido velo, por ahora.

Aunque esto pueda ser algo habitual en una persona normal, lo que no tiene sentido es que a mi este estado me dure ¡entre uno y dos meses!

Antaño me frenaba de golpe y me quedaba en stand by hasta que después de un tiempo volvía a echarle ganas, ya que cuando has estado unas semanas bien y te pasa esto (otra vez) tiendes a venirte abajo y vuelves a entrar en esa fase de letargo. Ahora lo que hago es seguir haciendo mi vida hasta donde puedo. Unos días hago más y otros días hago menos.

Cada vez que esto me pasa me frustro porque parece que entre en un bucle sin fin. No veo el día en el que pueda volver a trabajar de nuevo. ¿Quién va a querer contratar a una persona que va a estar faltando cada dos por tres? Este pensamiento me estresa mucho porque ansío ser una persona independiente y autosuficiente y parece que no vaya a llegar nunca ese día.

A finales de este mes tengo visita con mi reumatólogo para que me hagan las pruebas para la fatiga crónica. Por descartar, porque yo ya no sé qué pensar, de verdad. Esta situación me preocupa y necesito respuestas de algún tipo. Necesito saber con certeza a que se puede deber que yo no termine de llevar un día a día normal, como antes.

En fin, por hoy lo dejo aquí y ya te iré informando a ver qué me dicen. Ánimo, que como puedes comprobar, no estás solo/a en el camino ❤

Carta de la ansiedad para ti

¡Hola!

Soy la ansiedad, no te asustes… vengo en son de paz, por cierto, ¿por qué te asustas tanto ante mi presencia?

Digo, sé que te sientes fatal cada vez que aparezco, que te desesperas y quisieras mandarme a tomar por culo. Sé que si pudieras me matarías, sobre todo porque crees que soy yo la que te quiere matar o hacer daño, pero créeme, si no te he matado ya es que no lo voy a hacer.

No estoy aquí para hacerte daño, mucho menos para volverte loco. Creo que ya te lo he demostrado cada vez que hago acto de presencia en tu cuerpo. Armo un poco de barullo y te doy algún sustillo, pero al final del día sigues vivito y coleando y no te has vuelto majara.

Si pudiera, lo haría, pero esa no es mi idea.

El verdadero motivo por el cual te hago sentir todo eso es porque, hasta el momento, no había logrado encontrar otra manera de que me escuchases. Estabas tan ocupado tratando de ser el mejor y de demostrarle a los demás que eres digno de ser amado que no escuchabas mis pequeñas señales.

¿Recuerdas aquel día que te dolió tanto la cabeza? ¿O cuando tuviste insomnio y te pasaste más de media noche en vela? ¿O esa vez que sin razón aparente te pusiste a llorar como una magdalena?

Bueno, pues resulta que todas esas veces era yo intentando llamar tu atención para que me escucharas. Pero no lo hiciste. Seguiste con tu ritmo de vida, seguiste con tu misma manera de pensar y actuar. Entonces intenté algo más fuerte. Hice que te temblara el ojo, que se te taparan los oídos, te sudaran las manos e incluso que te sentara mal la comida en más de una ocasión. Pero tampoco me quisiste escuchar.

Aunque, entre tú y yo, los dos sabemos que sentías mi presencia, es por eso que cuando te quedabas tranquilo, a solas contigo mismo, te empezabas a poner nervioso, como si algo te impidiera quedarte quieto. Te desesperabas porque no entendías con tu mente racional lo que estaba pasando y claro, con tu mente racional no me ibas a entender.

Es por eso me he rendido y he decidido escribirte esta carta.

Y te felicito si estás leyendo lo que te digo porque eso significa que ya tienes el valor de escucharme y, créeme, nadie mejor que yo sabe de tu gran habilidad para evitarme y salir corriendo. Huyendo de mí como si te persiguiera una horda de zombies.

Como esas veces que me evitas y te distraes mirando la caja tonta o, peor aún, absorto metido en las redes sociales, viviendo las vidas de otras personas que ni conoces para no reconocer de una vez por todas que odias la vida que llevas.

O, como en otras ocasiones que con tres o cuatro cervecitas lograbas adormecer tus nervios e inquietud; y ni qué decir de esas otras “substancias” que más allá de adormecerte, te arrancan de esta realidad a la que no te quieres enfrentar.

Pero bueno, espero que ahora sí estés listo para encararte con tu realidad y escucharme por fin.  Que estés listo para aceptar la verdad de tu vida y de ti mismo tal y como es. Sin máscaras, sin atajos, sin pretensiones.  Así que aquí te van las cosas como son.

Lo único que llevo tratándote de decir todo este tiempo es que ya es momento de evolucionar. Necesitas hacerlo, no hay otra manera.

Necesitas crear cambios muy profundos dentro de ti, pues por alguna razón, en realidad, no estás disfrutando de tu vida y no te sientes pleno.  Por eso yo estoy aquí, para ayudarte a recuperar esa plenitud que vive dentro de ti, y para lograrlo, tendrás que deshacerte de lo que te impide conectar con ella.

Estoy aquí para ayudarte a ver, precisamente, qué te impide entrar en contacto con tu sentido de vida, con tu pasión por vivir, con tu alegría y con tu verdadero ser que es tu esencia.  Cada vez que yo aparezca en tu vida, será porque por ti mismo no te has dado cuenta que no estás siendo pleno y feliz, así es que si vuelvo a aparecer, no te asustes, mejor agradéceme que llegué y escúchame.

Y si realmente me escuchas, no tardarás en hacer los cambios que necesitas hacer en tu vida, los harás de inmediato, claro, eso si realmente quieres sentirte bien de nuevo, todo depende de cuánto te quieras.  Y sé que sí quieres, pero por otro lado prefieres seguir en tu zona de confort, en lo “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.”

Prefieres seguir buscando la aprobación y aceptación de los demás, haciendo hasta lo imposible por llamar su atención; buscando seguridad en otras personas menos en ti; prefieres que los demás sean responsables de tu persona y no ser el responsable de ello, y claro, te entiendo, todos quisiéramos regresar al vientre de nuestra madre y despreocuparnos de todo.

Necesitas asumir que eres responsable de ti y que solamente tú me podrás escuchar, y cuando me escuches y yo vea que ya me hiciste caso, créeme que me iré.  Solamente tú puedes hacer que me vaya.

Y eso es algo muy importante que te quiero decir, en verdad me iré en cuanto vea que estás haciendo esos cambios en tu vida, cuando vea que estás en camino a tu evolución y que estás dispuesto a crecer y recuperarte a ti mismo.  Mientras no lo hagas… aquí seguiré.

En conclusión, si hoy estoy aquí, es porque me necesitas.

Necesitas de mi para modificar tu manera de interpretar tu realidad, la cual déjame decirte que está un poco distorsionada.  Necesitas deshacerte de creencias que no te ayudan y que nada más te limitan; necesitas perdonar todo ese dolor que guardas a tus seres queridos (y a ti mismo) y recuperar tu libertad interior.

Y sobre todo, necesitas de mí para hacer lo que te gusta de la vida, para ser tú mismo y perder el miedo al rechazo o abandono de los demás.

Necesitas de mí para ponerle límites a las personas que te hieren para que te armes de valor y aprendas a decir que “no”; para que dejes de mendigar amor con quien no te merece; para que dejes de depender de la existencia de tu pareja para ser feliz; para que de una vez por todas… ¡cuides tu cuerpo!

¿De qué otra manera le habrías puesto atención a tu cuerpo? Digo, probablemente de muchas maneras, pero ésta está funcionando.  Necesitas darle el alimento que necesita, dejar de criticar tu físico y agradecerle por lo que te da; haz que sude y que se mueva, ten tus hormonas al día y duerme las horas que necesitas.

¿Por qué te explotas? ¿Por qué te exiges tanto? No entiendo porque lo haces. Si lo tienes todo, lo eres todo, tienes toda la capacidad que necesitas para crear tu propia realidad, pero te tratas como tu propio esclavo, eres demasiado severo contigo mismo y estoy aquí para pedirte que simplemente dejes de hacerlo.

Así es que ya sabes si realmente quieres que me vaya, toma el timón de ti mismo, pregúntate qué has hecho que te ha sacado de tu equilibrio interior. Pregúntate realmente cómo quieres vivir y lucha por esa vida, es tu vida, y solamente tú puedes decidir sobre ella. Si a los demás no les parece bien, es porque los estás retando y tarde o temprano te seguirán, y si no tendrán otra oportunidad, dásela.

El único control que puedes tomar es el de ti mismo, pero para recuperarlo, tendrás que aceptar que lo has perdido, y que dejes que yo me exprese, que salga a decirte con todos esos síntomas tan horribles que me inventé para decirte algo muy claro, pero si me reprimes y te distraes cada vez que llego no podré hablarte y vendré más fuerte.

Así es que la próxima vez que me sientas llegar, haz un alto, cierra los ojos, déjate sentir todo lo que te estoy diciendo, apaga tu mente racional por un momento, déjate llevar y entiéndeme.  Después, empieza el cambio en tu vida con acciones claras y específicas, y en menos de que te des cuenta, me iré.

Espero no tener que llegar muchas veces más en tu vida, pero si lo hago recuerda que no quiero hacerte daño, solo quiero ayudarte a que recuperes tu propio camino de evolución, el camino que si lo tomas, te hará mucho muy feliz.

Y ya para terminar, ojalá que puedas verme como lo que soy: tú esencia.

Soy tú mismo gritándote con desesperación que me escuches por favor. Así es que hola, yo soy tú, hablándote desde el fondo de tu corazón, desesperado tocándolo para que me pongas atención, lo que sientes no es taquicardia, soy yo, tu esencia, que quiere salir de ahí. 

Con cariño, 

tú esencia disfrazada de ansiedad.

 

La llamaban ansiedad III

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

Vamos a hacer muy rápidamente un breve repaso sobre lo dicho en los dos posts anteriores.

Cosas muy importantes a tener en cuenta si quieres comenzar a sentirte mejor e ir dejando a nuestra compañera de viaje en un segundo plano.

Primero, hacer un cambio de actitud y ver el lado positivo, no solo de tu ansiedad o tu situación, si no de tu vida en general.

Segundo, empezar a aceptar lo que te pasa y que así eres tú. Que la ansiedad forma parte de ti y has de amarla del mismo modo que amas cualquier otro rasgo de tu físico y/o personalidad.

Y tercero y no menos importante, buscar ayuda profesional. Sé que soy muy pesada con esto último, pero es que es vital que una persona cualificada y entendida en la materia te guíe en tu proceso de sanación. Si no te puedes permitir uno de pago, aquí en España, busca un profesional de salud mental en la Seguridad Social y/o, seas de donde seas, busca información sobre posibles entidades o trabajadores sociales que te ayuden a facilitarte un terapeuta acorde con tu situación económica.

Actualmente yo me estoy visitando con mi psicóloga de la Seguridad Social y estoy muy contenta, la verdad. Solo nos podemos ver media hora al mes, pero menos es nada. Y como tampoco me puedo permitir uno privado pues es con lo que trabajo. Y me va muy bien.

La cosa también radica en las ganas que tu tengas de involucrarte para contigo mismo. Quiero decir, que puedes estar yendo semanalmente a visitar a tu psicólogo/a y no seguir ni una de las pautas que te propone en cada sesión. Tienes que tener claro que esto es un trabajo en equipo y que no solo se basa en ir a hacer acto de presencia una vez por semana, decirle que sí a todo y después salir de consulta y no hacer nada hasta la próxima vez que os veáis. Esto va sobre ti y nadie más. ¿Qué no es fácil? Pues no, no lo es. Sobre todo porque cuando vas al psicólogo/a has de ser consciente de que va a salir mucha mierda. Cosas que dejaste enterradas, cosas que te hicieron daño. Vas a llorar, te vas a enfadar, te vas a retraer, vas a escuchar muchas cosas que no te van a gustar. Pero a medida que vayas avanzando te vas a sentir como si te quitaran una losa de encima. Por todo esto es vital que la relación con tu terapeuta sea de extrema confianza y con quien te sientas a gusto. Si no es así búscate a otro/a. En serio. Es muy importante que te sientas bien porque estas explicando a una persona ajena cosas muy íntimas sobre ti.

Soy consciente de que no te lo he pintado muy bien, pero es que yo no te voy a mentir. Cada vez que vayas al psicólogo se van a remover cosas dentro de tu ser, pero eso es muy bueno, créeme. Necesitas despojarte de tus lastres para poder avanzar mejor, más ligero y seguro.

Otra cosa que te recomiendo es leer sobre el tema. Pero sin obsesionarte. No está mal que te des una vuelta por Google de vez en cuando. Existen infinidad de páginas, blogs y foros sobre la materia. Sin embargo ¡OJO! en cuanto a intercambiar impresiones con personas que estén en tu misma tesitura. Esto puede ser un arma de doble filo, sobre todo si estás muy mal. Ya que si eres muy negativo y/o pesimista sobre el tema, también se da el caso que sufres de depresión y hablas con una persona que esté igual o peor que tú, te va a perjudicar más que beneficiar y eso no interesa.

Como te dije en el pasado post, relaciónate con personas que te complementen, que te sumen y que te ayuden en tu crecimiento personal.

En cuanto a lo de leer, a continuación voy a hacerte una pequeña lista de lecturas indispensables a mi buen ver.

Muchas de ellas me las recomendó la psicóloga con la que trabajé años atrás y que me han hecho cambiar muchísimo mi forma de pensar y de ver las cosas. Incluso se puede dar el caso de que ya conozcas algunos de ellos.

Louis L. Hay

  • Usted puede sanar su vida.

También te recomiendo el documental con el mismo nombre y que podrás ver en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=VZpeK-4u86U&list=PLB78FCFDA8775229E

  • Ámate a ti mismo: cambiarás tu vida.

Libro de ejercicios de Usted puede sanar su vida.

  • El poder está dentro de ti.

Segunda parte de Usted puede sanar su vida.

Desde luego Louis es mi favorita con diferencia. Fue todo un descubrimiento (creo que todos los que conocen sus obras pensarán lo mismo que yo). Simplemente es genial. Me encanta como habla, lo que dice, como lo dice y lo fácil que se ve a través de sus cálidas palabras. Te la recomiendo muy mucho. Sus libros son todo un referente para mí y me los he leído en contadas ocasiones. Tiene muchos más. Así que si te gusta ya sabes 🙂

Wayne Dyer

  • Tus zonas erróneas.

Este libro tendría que ser un básico en tu estantería. Pero también te digo que es una lectura para la que hay que estar preparado y tener la mente muy abierta porque si no todo lo que leas va a ser como si rebotase en una pared y saliera disparado hacia afuera de nuevo. Es un manual denso, que hay que leer poco a poco, sin prisas, de manera ordenada (al menos en la primera lectura) y estar preparado porque te va a hacer ver cosas de ti mismo, de los demás y de ti para con los demás que seguramente no te van a gustar. Por eso, desde mi humilde opinión, para leer este libro has de tener cierta fuerza y apertura mental. Del Dr. Dyer te puedo recomendar unos cuantos más, en realidad, cualquiera de sus libros te va a aportar muchas cosas, pero este es el primero que te aconsejo leer. También te recomiendo esta película suya, El cambio, y que podrás ver en el siguiente enlace:

https://www.youtube.com/watch?v=OCqe8pnYoaU

Bernardo Stamateas

  • Gente tóxica.
  • Emociones tóxicas.

Estos dos libros son geniales y además se leen muy bien. También te ayudarán a ver muchas cosas de ti que quizás no tenías presente.

Robin Sharma

  • El monje que vendió su Ferrari.

Este libro me encanta. Muy inspirador. Por eso lo veo también un indispensable. Lectura clara, concisa y rápida.

María Jesús Álava Reyes

  • La inutilidad del sufrimiento: claves para aprender a vivir de manera positiva.

Otro gran libro que no te va a dejar indiferente y que te va a hacer ver que estar constantemente preocupado no sirve absolutamente para nada.

Creo que por ahora, con esta lista que te he facilitado, ya puedes ir haciendo. A mí me han ayudado mucho y son libros que a día de hoy me sigo leyendo porque siempre te aportan algo nuevo con cada re-lectura.

Ten en cuenta que la vida es un aprendizaje constante y siempre hay cosas que mejorar o cambiar.

Espero que te animes con alguno de ellos. Yo empezaría por el de Usted puede sanar su vida de Louis. Sé que te encantará.

Deseo de corazón que toda esta información te haya sido de utilidad.

¡Nos leemos en el próximo post!

 

 

La llamaban ansiedad II

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

¿Qué tal va tu propósito de ver las cosas desde el positivismo y el optimismo? Deseo que bien. Y no desesperes por si te cuesta mucho. Todo es a base de práctica y constancia.

Hoy quiero seguir ahondando en donde me quedé la semana pasada. Así que ¡vamos a ello!

Siguiendo con el hilo de lo que te comenté en el pasado post sobre la actitud, el siguiente paso importante es el de aceptar(te). Para mí es el paso más complicado, ya que después de años en esto y sabiendo lo que tenía que hacer, es ahora cuando estoy comenzando a aceptar mi ansiedad y a quererme con ella.

Como te acabo de decir, no es fácil, incluso es posible que ya hayas pasado o estés pasando por las cinco etapas. Por si no sabes de que se trata te lo explico muy brevemente.

La psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross creó un proceso de adaptación emocional por el cual la gente pasa cuando se enfrenta a una enfermedad terminal o bien sufre una gran pérdida.

Aunque no sea este nuestro caso en particular, puedo decir que yo he pasado por esas cinco fases, es más, todavía me encuentro en la última.

Negación: No crees ni aceptas lo que te está pasando.

Ira: Te enfadas y gritas a los cuatro vientos aquello de “¿¡Por qué yo!?”, “¿¡Qué he hecho yo para merecer esto!?”

Negociación: Ese momento, de desesperación diría yo, donde pides por favor volver a estar como antes y juras y perjuras que harás lo que sea necesario para conseguirlo.

Depresión: Decir que yo ya la traía de tiempo atrás a mi ansiedad. Aun así ésta se acrecienta porque ves que la cosa va para largo y no atinas a ver la luz al final del túnel. Con lo que decides apartarte del mundo, creando tu pequeña burbuja, haciendo de ella tu perfecta zona de confort y pensando que lo mejor es vivir recluido, que todo estará bien y que total ¿qué es lo peor que te puede pasar ya?

Aceptación: Para mí esta etapa es la de liberación. Cuando decides dejar de luchar contra la realidad de tu situación y aceptar, de una vez por todas, que así eres tú. Es que todo tu ser se relaja. Notas como se destensa la musculatura y hasta piensas con mayor claridad.

Lo primero que te he dicho es que tener una actitud positiva es súper importante. Pues bien, lo segundo que has de tener claro es que eres una persona ansiosa y lo vas a ser toda tu vida. ¡Tranquilo/a! Seguro que acaba de saltar tu alarma de pánico. Déjame que te lo explique y verás cómo es menos malo de lo que en realidad parece.

La ansiedad ha estado ahí siempre solo que en función de la persona y de sus circunstancias se ha manifestado antes o después. Digamos que durante ese tiempo ha estado “escondida” hasta que, de tanto retroalimentarla, salió a la luz. Del mismo modo puede volver a estar en “reposo”. Todo depende de ti.

Como lo pasamos tan jodidamente mal cuando nos da un ataque de ansiedad ya tendemos a verla como algo malo ¡y nada más lejos de la realidad! Y estarás pensando “¡Esta tía está zumbadísima! ¡Pues no me dice que la ansiedad es algo bueno!”

Pues sí. Créeme querido/a amigo/a que lo es. Cuando decides salir de tu letargo y tomas la sabia decisión de empezar a cambiar tu actitud frente a la vida, tus hábitos y a hacer cosas que son el bien para ti, que te hacen feliz y sentir a gusto contigo mismo, es cuando empiezas a percatarte que tan mala no era nuestra odiosa compañera.

Yo he hecho cambios en mi vida que jamás se me hubieran ocurrido si el trastorno de ansiedad y la agorafobia hubiesen llegado a ella. Jamás.

La gente de mi entorno, la que me conoce bien y está viviendo el proceso conmigo, ahora me ven y oyen hablar y no dan crédito.

No se trata de querer volver a ser la persona que era antes, porque esa persona es la que ha hecho que hoy seas quien eres. Has de buscar ser una mejor versión de ti mismo. Conserva las cualidades que aprecias en ti y cambia aquellas que no te hacen sentir a gusto y que no definen quien eres en realidad. Mejora cada día un poquito. Y en este proceso te darás cuenta de que empiezas a ser feliz. Aprende a disfrutar del camino y cuando vuelvas la vista a atrás y veas todo lo que has conseguido, ¡gracias a la ansiedad!, te va a parecer mentira. Pero lo orgulloso/a que te vas a sentir y lo mucho que te vas a querer por ello, créeme, vale la pena pasar por lo que estás pasando. Date tiempo, sé paciente. No me canso de decírtelo, busca ayuda profesional. Que un buen psicólogo te acompañe en este proceso, que te guíe, te apoye, te dé el empujoncito cuando ya no te queden fuerzas, que te ayude a levantarte cuando te caigas, te aliente cuando pierdas la confianza en ti mismo. Lo necesitas. Del mismo modo que necesitas rodearte de gente positiva, que te sume, que te hagan sentir bien. Ni te imaginas la limpieza que llegué a hacer de gente tóxica en su momento. No quieras hacer esto solo/a. Aunque mucha gente no entienda tu situación sabrán empatizar contigo o al menos lo intentarán. Esto también te ayudará a saber quién vale la pena y quien no merece que le dediques ni un minuto más de tu valioso tiempo.

Por hoy lo dejamos aquí. El próximo día te cuento un poquito más.

Gracias por estar ahí. Nos leemos 🙂

La llamaban ansiedad I

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

Hoy vengo dispuesta a profundizar un poquito más sobre la ansiedad en sí e intentar hacerte ver que un cambio de actitud es primordial y el primer paso hacia la mejora en esta tu situación.

Seguro que de vez en cuando se te pasa por la cabeza aquello de “¿qué he hecho yo para merecer esto?”. Desde mi punto de vista la respuesta es todo y nada. Me explico.

Soy de las que piensa que en esta vida las casualidades no existen, que todo sucede por algún motivo, tanto lo bueno como lo malo y que de todo se aprende. Del mismo modo creo, estoy segura vaya, que desde el momento que pasamos a la edad adulta somos 100% responsables de nosotros mismos y por ende somos 100% responsables de todo lo que nos sucede. Y te preguntarás sorprendido/a “¿me estás diciendo que la culpa de que yo esté así es mía?” Bueno, no me gusta denominarlo culpa, ya que no existen culpables, más bien responsables y sí, así es. Pero antes de que decidas salir pitando del blog permíteme que te siga explicando.

Como dice la psicóloga mexicana Fabiola Cuevas y a quien apoyo en su idea, cuando la ansiedad llega a nuestras vidas es por algo, es decir, que viene para advertirnos que alguna cosa (o cosas) no estamos haciendo bien y en consecuencia hemos de mejorarla o, en su defecto, cambiarla.

Muchas son las teorías que dicen explicar porque padecemos este trastorno y muchos los psicólogos que no le dan importancia al “¿cómo se originó?” si no que optan por el “¿cómo vamos a solucionarlo?” Bien. Hasta hace relativamente poco yo no estaba de acuerdo con esta postura y aunque siga sin estar a favor al 100%, veo necesario ir a la raíz del problema pese que a veces no es tan sencillo dar con ella, ya que la ansiedad ha podido llegar a tu vida por más de un motivo, todos a la vez y prolongados en el tiempo, como es mi caso. Por eso estoy a favor de invertir un tiempo en estudiar las diversas situaciones que te han hecho llegar a donde estás, pero más importante es que comiences a trabajar en ti e ir poniéndole solución. Por lo que a mí respecta era sustancial tener una idea de cuáles fueron las circunstancias que llevaron al desarrollo de un trastorno de ansiedad y agorafobia en mi persona, para cambiarlas y así evitar tener recaídas en un futuro, aunque eso no quiere decir que no las vaya a tener. Eso nunca se sabe.

Mi manera de verlo es que las experiencias pasadas no las hemos gestionado de forma correcta, del mismo modo que no sabemos gestionar el estrés en nuestras vidas. Estrés ocasionado por mil y un motivos y que, a la larga, nos hace llegar a la situación en la que nos encontramos actualmente tu y yo.

Así que estaría bien que te preguntaras “¿Estoy contento/a y satisfecho/a con la vida que he llevado hasta ahora?”. Si la respuesta es “no” la siguiente pregunta que podrías hacerte es “¿qué puedo hacer para mejorarla?” Seguro que después te pondrás un montón de peros y excusas. Eso no vale. Aunque soy totalmente consciente de ello porque yo también he pasado por esa fase.

Nadie dice que el cambio vaya a surgir de la noche a la mañana por eso hay que ser constante y trabajar en ello día tras día. Y te tropezarás, caerás y retrocederás, por lo tanto aquí es esencial saber con qué actitud estás dispuesto a afrontar esta etapa de tu vida.

¿Ves esto, tu situación, como una batalla perdida? ¿O bien lo ves como un reto, una experiencia más que si sabes cómo sobrellevarla te podrá aportar un gran crecimiento personal?

Una actitud positiva y optimista es fundamental. Ver siempre el vaso medio lleno te ayudará a afrontar tu estado con más fuerza y ganas.

Toda esta perorata que te he soltado te podrá parecer filosofía barata, pero te lo digo de corazón. Si no ¡mírame a mí!

Te animo a que empieces desde ya a ver tu ansiedad, tus síntomas, las cosas que suceden a tu alrededor desde otro prisma.

¡Fuerza y ánimo! Recuerda: tú puedes conseguir todo lo que te propongas 🙂

El porqué de mi ausencia durante estos meses

¡Hola querido/a ansioso/a!

Quizás te hayas preguntado porque desde que inicié este blog en Julio del año pasado me haya tirado seis meses en la sombra sin dar señales de vida. Hoy me dispongo a mitigar esa duda en caso de que la tengas.

Resulta que poco después de la última publicación mi vida dio un giro de 180˚.

Un día estaba en casa e hice un “¡A la mierda!” MUY grande. Ya no podía más. Hablando mal y pronto se me habían hinchado los cojones de querer hacer un montón de cosas y no poder llevarlas a cabo por mi estado anímico y mi cóctel de síntomas.

Así que un sábado por la tarde me decidí a coger el bus e irme hasta la otra punta de Barcelona, que son aproximadamente unos 40/45 minutos de trayecto teniendo presente que yo vivo en otra punta de la ciudad.

Tengo que aclarar que hacía un año que pisaba la calle lo justo y necesario y por los alrededores de mi casa. El transporte público hacía cosa de dos años que no lo cogía. Con lo que para mí este viaje significaba mucho y era toda una hazaña dadas mis circunstancias.

Pese a que me equipé con mi mejor música, el ruido de mis pensamientos sobrepasaba con creces la misma. Y fue así como empezó la retahíla y el bombardeo: “Me duele el estómago ¿Y si me empieza a doler más y me entra la ansiedad? Intentaré no pensar en ello…” “¡qué dolor de espalda! Porque será la espalda ¿no? A ver si es otra vez el riñón ¡y me da un cólico en medio de la calle, sola y lejos de mi casa! Bueno, tranquila, todo irá bien.” Esto es tan solo una pequeña muestra de lo que estuvo pasando por mi cabeza durante el recorrido.

Y llegué a mi destino. Cuando bajé del autobús no sentía los pies tocar la acera. Incluso noté como se me iba un poco la cabeza. Es como si hasta ese momento hubiera vivido mi vida desde un segundo plano y esa tarde llevara puestas unas gafas de realidad virtual. Fue entonces cuando fui consciente de que me encontraba en a tomar por culo de mi casa y sin más compañía que la de mis ya conocidos síntomas.

Comencé a andar a una velocidad moderada y aquel sitio, por el que antaño había paseado hasta el hartazgo, ahora me parecía totalmente nuevo. No lo recuerdo muy bien, pero quizá estuviera dando vueltas una cosa de media hora, una hora a lo sumo.

De nuevo en casa, la experiencia había sido…extraña.

Hubo momentos en los que había llegado a sentirme hasta bien, pero he de reconocer que la mayor parte del tiempo estuve en tensión y esto me pasó factura al día siguiente porque pareciera que hubiera corrido una maratón.

Tampoco quise tomármelo como una proeza. Eso no quiere decir que no tuviera mi mérito, que lo tenía, pero no podía evitar que rondasen por mi cabeza las palabras que, un año atrás, nos dijera el psicólogo de una terapia de grupo para la ansiedad a la que asistí:

“No se trata de que os de un arranque de valentía y después no hagáis nada más en semanas. Se trata de que os marquéis pequeños objetivos que ahora os cuesta llevar a cabo en función de vuestra situación e ir enfrentándoos a ellos poco a poco, superándolos y marcándoos de nuevos. De nada me vale que un día os envalentonéis y hagáis una heroicidad, que tres días más tarde lo repitáis, os entre ansiedad y no queráis volver a salir en mucho tiempo.”

Esto es muy cierto. Realmente es así. Sobre todo cuando estás muy mal como era mí caso entonces. Aun así no me rendí y me fui marcando un objetivo detrás de otro. Haciendo las cosas aunque me diera pavor.

En mes y medio ya no era la misma. No me lo podía creer. Por eso, al pasar de golpe y porrazo de estar aletargada en mi casa a tener una vida tan activa, me aparté del blog. Reconozco que lo lógico hubiera sido plasmar ese cambio sobre la marcha, pero en aquel momento no me apetecía nada. Lo único que quería era aprovechar al máximo las 24h del día, sacarle el mayor partido al verano, al buen tiempo, a las horas de luz.

Y podrás preguntarte “¿Y cómo es que has decidido retomar el blog de nuevo? ¿Por qué ahora?” Pues mira, porque como siempre digo, en esta vida cada cosa llega cuando tiene que llegar y estos seis meses han sido una vorágine de sentimientos, sensaciones y emociones reencontradas. He tenido mi tiempo y mi espacio para ver todos los cambios que me han sucedido desde otra perspectiva. Para parar, coger aire y recobrar el aliento de nuevo. Para hacer un balance de la situación y seguir adelante en mi camino. Y esto me ha hecho ver que tengo la necesidad imperiosa de compartirlo contigo, tu, mi querido ser ansioso. Para que veas que con fuerza de voluntad, actitud positiva, ganas de cambiar las cosas y ayuda puedes salir de ese bucle en el que te ves inmerso.

Más adelante seguiré ahondando en este cambio radical que estoy experimentando porque ¡esto todavía no se ha acabado! ¡Aún queda un largo camino por recorrer! Y espero y deseo que sigas ahí, acompañándonos mutuamente en esta historia que compartimos de un modo u otro.

¡Muchas gracias por tu compañía ansioso/o mío/a!

Nos leemos en el siguiente post.

 

Akane Kurihara

ansiosa y agorafóbica

Cosas que debes saber sobre este blog

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

Antes de proseguir con las aventuras y desventuras sobre la ansiedad quisiera aclarar una cosa que me parece importante.

Decirte que yo no soy psicóloga ni profesional en salud mental. Todo lo que te expongo en estas líneas está basado única y exclusivamente en mi experiencia personal lidiando, desde hace años, con el trastorno de ansiedad y la agorafobia, en todo lo que he leído sobre el tema, en mi trabajo individual con psicólogos y psiquiatras y en mis propias creencias personales.

Lo que yo te cuento no quiere decir que tenga que ser así. Es mi punto de vista sobre la situación y todo lo que te propongo es porque, a la larga, es lo que mejor me ha funcionado a mí a nivel personal.

Son muchos años batallando con dicho trastorno y he probado y llevado a cabo muchas cosas, invertido dinero y sobre todo leído muchísimo sobre la materia. Esto me ha ayudado a conocerme mejor a mí misma y saber que me va mejor y que es lo que no debo aplicar en mi vida. Pero eso no quiere decir que lo que yo diga vaya a misa ni mucho menos. Soy otra mera fuente de información como otras muchas que puedas encontrar en Internet. Simplemente quédate con la información que te sea de utilidad y desecha aquella que no lo sea. Nada más.

Y dicho esto me despido y nos vemos muy pronto en el próximo post.

¡Un abrazo!

 

Akane Kurihara.

El ataque de ansiedad y yo

¡Hola querido/a ansioso/a! ❤

En mi post anterior te hablé sobre los síntomas que surgen cuando sufres un ataque de ansiedad y hoy te quiero contar cuáles de esos síntomas he padecido yo cuando me ha dado la crisis.

Explicarte que siento en ese momento no es tarea fácil porque son muchas cosas las que pasan al mismo tiempo y en cuestión de segundos.

Lo primero de todo es ese pensamiento catastrofista que me sobreviene como una ola y que me arrastra sin tan siquiera darme tiempo a reaccionar. Acto seguido se me disparan los nervios y empiezo a notar un hormigueo que me recorre los brazos de arriba a abajo, seguido de escalofríos y sofocos. El corazón se me empieza a acelerar. La ansiedad siempre va a ir a atacarte la zona que tengas más sensible, en mi caso es el estómago seguido de los intestinos. Con lo que empiezo a notar un nudo en la boca del estómago, ardor y náuseas. Noto como se me revuelven las tripas. Aumenta esa “presión interna” que es lo que más nerviosa me pone y más miedo me da, ya que al sentir tantas cosas y a la vez pienso que algo va a “reventar”, cuando menos me lo espere, dentro de mí. Temblor por todo el cuerpo. Me bailan las piernas y la mandíbula parece que se me vaya a desencajar en cualquier momento. Y a todo esto le sumamos esa angustia e inquietud enormes que, como te comentaba el otro día en los síntomas, cuando ya te ha dado en contadas ocasiones y aunque sepas de qué va la película, siempre acojona el no saber hasta dónde puede llegar la ansiedad, cuál será su pico más alto y esto, al menos para mí, es realmente frustrante.

La última vez que tuve una crisis de esta índole fue en diciembre del 2011. Y la última de todas la tuve en mayo del año siguiente. Desde entonces lo que sí he tenido a menudo y sigo teniendo es lo que yo llamo “amago” de ataque de ansiedad y lo que algunos psicólogos denominan “mini ataque de ansiedad”.

¿En qué consiste exactamente? Pues en que notas los primeros síntomas, ese arranque, ese despertar de la ansiedad, como sucede siempre que te sobreviene, pero nunca suele pasar de ahí. Es como un subidón momentáneo y muy breve. Un amago.

Podrás pensar “¡qué suerte! Al menos no llega a darte el ataque en su totalidad”. A ver, sí, cierto, pero puestos a pedir preferiría que no me diera ni una cosa ni la otra. Lo que pasa que estos amagos, en mi caso, me dan más frecuentemente de lo que me solían dar las crisis completas. Y al tener agorafobia, como he de exponerme continuamente, pues raro es el día que no me llevo un “sustillo”. Es más. Te cuento otra cosa. La ansiedad me limita tanto que he llegado a sensibilizarme sobremanera, hasta el punto en el que todo me afecta. Y me afecta como cuatro veces más de lo que lo hacía antaño. Es una vivencia no muy agradable porque todo lo magnificas en exceso.

Por ejemplo, puedo echarme a llorar viendo una noticia trágica en Internet o viendo un anuncio que sea sensiblero. Cuando me resfrío los síntomas se acrecientan y me cuesta mucho más recuperarme. Y como estas otras muchas cosas más. Lo malo es que llega un momento en el que todo lo que notas en tu cuerpo lo ves como un detonante de la ansiedad. Me explico.

Como ya te dije en el pasado post, cuando sufres una crisis, ésta viene acompañada de una serie de síntomas que son la respuesta a la activación previa del proceso cerebral. Okay. ¿Qué pasa cuando no hay rastro de la ansiedad, pero tu cuerpo está teniendo una respuesta fisiológica? Esta respuesta fisiológica te puede estar dando por mil y un motivos. Te lo ilustro con un ejemplo.

Imagina que vienes de comprar y al llegar al portal de tu casa ves que el ascensor se ha estropeado. No te queda más remedio que subir por las escaleras y cargado/a cómo vas. Cuando llegas al rellano parece que el corazón se te va a salir del pecho, casi no puedes respirar, tienes calor, estás sudando, los brazos te tiemblan por el peso de las bolsas y las piernas te flaquean. Una persona que no sufre nuestro trastorno no le dará la más mínima importancia a lo que está sintiendo. Pero una persona que sí sufre de ataques de ansiedad constantes, en el momento que nota esta respuesta por parte de su cuerpo, su mente se puebla de pensamientos pesimistas y su amiga la ansiedad viene a saludarle.

Esto no quiere decir que ante una situación similar te vaya a pasar a ti, ya que al igual que los síntomas son variables en función de la persona que los padece, lo mismo pasa con las situaciones a las que nos exponemos. Es decir, la realización de toda actividad que conlleve, sobre todo, un esfuerzo por parte de nuestro organismo y que, en consecuencia, éste reaccione de manera natural, a mucha gente le puede hacer pensar que va a sufrir una crisis. Yo, dependiendo de la situación, del día, del clima, de mi estado anímico…también puede ocurrirme.

A mí lo que también me sucede y es lo que más limita mi vida es que si, por ejemplo, estoy con gastritis y me duele el estómago, ya pienso que a nada que haga me voy a poner peor, me entrará la crisis y sufriré náuseas, arcadas y/o un cólico. O si me encuentro débil porque llevo días comiendo lo justo por esta misma dolencia, tengo miedo de salir a la calle, que las piernas me flaqueen y me desmaye.

En resumen, que no siempre nos montamos la película pensando, primero, que algo malo nos va a pasar y después venga todo lo demás (o no. Que no tiene porque darte el ataque). Sino que en otras ocasiones, por experimentar las sensaciones fisiológicas que genera nuestro cuerpo frente a situaciones normales, ya nos pensamos que nos va a dar el yuyu y, de este modo, nos rendimos a ello.

Lo que termina pasando, básicamente, y con esto cierro la explicación de este post, es que creamos un mecanismo de aprendizaje el cual se produce cuando se comienzan a evitar situaciones que nos generan miedo (conducta evitativa). La agorafobia consiste precisamente en esto, en querer evitar a toda costa ese miedo producido por la respuesta fisiológica de nuestro cuerpo, el miedo de pensar en lo mal que lo pasamos cuando experimentamos esa respuesta y el miedo a la sensación de ansiedad en general.

Sea lo que fuere, intenta no frustrarte porque a veces uno ya tiende a pensar “¿me va a pasar algo más aparte de todo lo que ya me pasa con la dichosa ansiedad?”. No sirve de nada fustigarte. Reitero. Busca ayuda especializada, trabaja en ello concienzudamente, cárgate de buenas dosis de paciencia y ¡lo conseguirás! 😉