La llamaban ansiedad II

¡Hola mi querido/a ansioso/a!

¿Qué tal va tu propósito de ver las cosas desde el positivismo y el optimismo? Deseo que bien. Y no desesperes por si te cuesta mucho. Todo es a base de práctica y constancia.

Hoy quiero seguir ahondando en donde me quedé la semana pasada. Así que ¡vamos a ello!

Siguiendo con el hilo de lo que te comenté en el pasado post sobre la actitud, el siguiente paso importante es el de aceptar(te). Para mí es el paso más complicado, ya que después de años en esto y sabiendo lo que tenía que hacer, es ahora cuando estoy comenzando a aceptar mi ansiedad y a quererme con ella.

Como te acabo de decir, no es fácil, incluso es posible que ya hayas pasado o estés pasando por las cinco etapas. Por si no sabes de que se trata te lo explico muy brevemente.

La psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross creó un proceso de adaptación emocional por el cual la gente pasa cuando se enfrenta a una enfermedad terminal o bien sufre una gran pérdida.

Aunque no sea este nuestro caso en particular, puedo decir que yo he pasado por esas cinco fases, es más, todavía me encuentro en la última.

Negación: No crees ni aceptas lo que te está pasando.

Ira: Te enfadas y gritas a los cuatro vientos aquello de “¿¡Por qué yo!?”, “¿¡Qué he hecho yo para merecer esto!?”

Negociación: Ese momento, de desesperación diría yo, donde pides por favor volver a estar como antes y juras y perjuras que harás lo que sea necesario para conseguirlo.

Depresión: Decir que yo ya la traía de tiempo atrás a mi ansiedad. Aun así ésta se acrecienta porque ves que la cosa va para largo y no atinas a ver la luz al final del túnel. Con lo que decides apartarte del mundo, creando tu pequeña burbuja, haciendo de ella tu perfecta zona de confort y pensando que lo mejor es vivir recluido, que todo estará bien y que total ¿qué es lo peor que te puede pasar ya?

Aceptación: Para mí esta etapa es la de liberación. Cuando decides dejar de luchar contra la realidad de tu situación y aceptar, de una vez por todas, que así eres tú. Es que todo tu ser se relaja. Notas como se destensa la musculatura y hasta piensas con mayor claridad.

Lo primero que te he dicho es que tener una actitud positiva es súper importante. Pues bien, lo segundo que has de tener claro es que eres una persona ansiosa y lo vas a ser toda tu vida. ¡Tranquilo/a! Seguro que acaba de saltar tu alarma de pánico. Déjame que te lo explique y verás cómo es menos malo de lo que en realidad parece.

La ansiedad ha estado ahí siempre solo que en función de la persona y de sus circunstancias se ha manifestado antes o después. Digamos que durante ese tiempo ha estado “escondida” hasta que, de tanto retroalimentarla, salió a la luz. Del mismo modo puede volver a estar en “reposo”. Todo depende de ti.

Como lo pasamos tan jodidamente mal cuando nos da un ataque de ansiedad ya tendemos a verla como algo malo ¡y nada más lejos de la realidad! Y estarás pensando “¡Esta tía está zumbadísima! ¡Pues no me dice que la ansiedad es algo bueno!”

Pues sí. Créeme querido/a amigo/a que lo es. Cuando decides salir de tu letargo y tomas la sabia decisión de empezar a cambiar tu actitud frente a la vida, tus hábitos y a hacer cosas que son el bien para ti, que te hacen feliz y sentir a gusto contigo mismo, es cuando empiezas a percatarte que tan mala no era nuestra odiosa compañera.

Yo he hecho cambios en mi vida que jamás se me hubieran ocurrido si el trastorno de ansiedad y la agorafobia hubiesen llegado a ella. Jamás.

La gente de mi entorno, la que me conoce bien y está viviendo el proceso conmigo, ahora me ven y oyen hablar y no dan crédito.

No se trata de querer volver a ser la persona que era antes, porque esa persona es la que ha hecho que hoy seas quien eres. Has de buscar ser una mejor versión de ti mismo. Conserva las cualidades que aprecias en ti y cambia aquellas que no te hacen sentir a gusto y que no definen quien eres en realidad. Mejora cada día un poquito. Y en este proceso te darás cuenta de que empiezas a ser feliz. Aprende a disfrutar del camino y cuando vuelvas la vista a atrás y veas todo lo que has conseguido, ¡gracias a la ansiedad!, te va a parecer mentira. Pero lo orgulloso/a que te vas a sentir y lo mucho que te vas a querer por ello, créeme, vale la pena pasar por lo que estás pasando. Date tiempo, sé paciente. No me canso de decírtelo, busca ayuda profesional. Que un buen psicólogo te acompañe en este proceso, que te guíe, te apoye, te dé el empujoncito cuando ya no te queden fuerzas, que te ayude a levantarte cuando te caigas, te aliente cuando pierdas la confianza en ti mismo. Lo necesitas. Del mismo modo que necesitas rodearte de gente positiva, que te sume, que te hagan sentir bien. Ni te imaginas la limpieza que llegué a hacer de gente tóxica en su momento. No quieras hacer esto solo/a. Aunque mucha gente no entienda tu situación sabrán empatizar contigo o al menos lo intentarán. Esto también te ayudará a saber quién vale la pena y quien no merece que le dediques ni un minuto más de tu valioso tiempo.

Por hoy lo dejamos aquí. El próximo día te cuento un poquito más.

Gracias por estar ahí. Nos leemos 🙂

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